EL AUTOR

Mi nombre es Nacho Aguiló. Nací en 1979. Soy doctor en bioquímica por la Universidad de Zaragoza y actualmente ejerzo como investigador científico en esta misma institución, llevando a cabo mi labor en el campo de las vacunas y la tuberculosis. He publicado diversos artículos científicos en revistas internacionales, y soy inventor de varias patentes. Ahora me estreno en el mundo literario con El Club Darwin.

Mis motivaciones

Para ser sincero nunca me imaginé escribir un libro más allá de mi tesis doctoral, y mucho menos una novela de ficción. En este sentido siento que fue la historia de El Club Darwin la que me encontró a mí más que yo a ella. Mis motivaciones iniciales a la hora de embarcarme en esta aventura surgieron a raíz de mi interés por leer y reflexionar sobre determinados temas relacionados con el origen de la vida y con la evolución, y en particular con nuestra propia evolución.

Hace algunos años sentí una tremenda urgencia por escribir algunas de mis reflexiones, de compartirlas con el mundo. Pero cuando me planteé en qué formato hacerlo, enseguida llegué a la conclusión de que no tenía sentido escribir un ensayo. Sería aburrido, tanto para mí como para el potencial lector. Además, existen cientos de obras relacionadas con estos temas, escritas por autores mucho más expertos que yo, y por tanto mi aportación científica al respecto no iba a ser demasiado relevante.

Así fue que un buen día de verano en 2012 emergió en mi cabeza la idea de novelar mis pensamientos, de cedérselos a personajes ficticios como parte de su propia personalidad, y es en este momento cuando nació la semilla de El Club Darwin, y casi simultáneamente el profesor Vivian Malgrad, el primer personaje que concebí.

A partir de ese momento, fueron necesarios varios años de mayor o menor actividad creativa para desarrollar el resto de personajes, así como las tramas y subtramas que componen la historia. En el caso concreto de las diversas localizaciones que aparecen en el libro, me resultaron de gran utilidad los diferentes viajes que he realizado en mi faceta como científico. Algunos de los centros de investigación donde se desarrolla la acción se basan en lugares reales que he visitado, y donde he trabajado.

Mis prioridades

Desde el principio tuve claras dos cuestiones: la primera es que si escribía una novela de ficción me tenía que currar un buen argumento. Ante todo no quería que la trama fuera un mero pretexto para escribir mis reflexiones de una manera más o menos original. No. La historia tenía que tener un papel fundamental en el libro.

Y la segunda es que el libro no iba a ser solo una novela para científicos. Quería que cualquiera pudiera leerla y disfrutar de ella. Por supuesto que la ciencia tiene un papel importante en la trama. Al fin y al cabo me encanta la ciencia. Sin embargo, he tratado de integrar las partes más científicas que contiene la historia dentro de un hilo argumental lleno de giros, misterio e intriga, usando un vocabulario riguroso cuando así se ha requerido, pero accesible a su vez a todo el mundo.

Mi opinión sincera es que he alcanzado con éxito mis dos principales prioridades (opinión que coincide con la de mis lectores beta). Sin embargo, como autor no tengo la autoridad moral para juzgar esta cuestión. Eso es algo que solo el propio lector puede valorar.

¿Por qué no divulgar ciencia a través de una novela?

Creo fielmente que la divulgación científica es una de las claves por las que pasa nuestro futuro y el de nuestro planeta. El conseguir que generaciones presentes y futuras entiendan cómo funciona la naturaleza es crucial para que la respeten y la amen, y sobretodo para que adquieran un pensamiento crítico que les aleje de discursos pseudocientíficos que puedan afectar a su salud, e incluso a la salud colectiva como ocurre con el caso de los antivacunas o los negacionistas del cambio climático.

Existen muchas maneras de divulgar ciencia: talleres, revistas, blogs, actividades en la calle… Yo he elegido hacerlo a través de una novela. Qué mejor manera de captar el interés de alguien que sumergiéndole en una historia de intriga y suspense que le haga vibrar, y al mismo tiempo mostrarle un laboratorio de investigación, enseñarle conceptos básicos de biología como el procesamiento del material genético, o hacerle interactuar con una figura clave de la historia de la ciencia como Rosalind Franklin.

Este ha sido uno de mis objetivos al escribir El Club Darwin. Acercar mi gran pasión, la ciencia, al público en general.

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